viernes, junio 26, 2009

FIN DE SEMANA ARDIENTE

FIN DE SEMANA ARDIENTE…

Ese fin de semana se presentaba caluroso y húmedo, con un fuerte olor a tierra mojada, la que presagiaba una lluvia por la noche, pero, ya había hecho compromiso con mis amigas de salir, e ir a darnos un momento de relax, de esparcimiento, ya que durante todo ese tiempo habíamos compartido nuestra responsabilidad, sin darnos siquiera un rato de conversación, por eso, esa noche, ya casi fin de semana, pues era viernes y ya no tendría que volver a estar seria y uniformada, porque al otro día, comenzaría mi fin de semana.
Durante el desayuno en la oficina, nos contábamos algunos secretos, y estos los guardábamos hasta poder ampliarlos a la salida, mediante cafés de por medio, risas y mohines de cómplices. Así, un día me cuenta mi amiga, que vive en el mismo edificio en el que yo, y nos vemos de vez en cuando, pues, estamos ambas apuradas y únicamente le dedicamos el mejor tiempo a nuestro departamento, ya que si bien es cierto, vivimos solas, eso hace que tengamos que tener bien arreglado todo… y digo todo, en todo el sentido de la palabra, pues no sabemos quien nos vendrá a visitar.
Esa noche, en el hall de entrada del edificio, nos encontramos y fue la previa a tomar el taxi que nos llevaría al lugar en donde nos encontraríamos con las demás. Ella, entre risa cómplice y festejos a cada atuendo nuestro, me cuenta, que un día, estando en un Pub, en donde el humo, la oscuridad, producto de la poca iluminación, hacia que los contornos se pudieran imaginar, de tal manera que, la misma cantidad de personas que en ese momento se encontraban balanceándose al compás de un sonido acompasado y estridente, y desde la barra del bar, en donde me encontraba con dos amigos, he podido divisar, como, delante nuestro, y a la luz del bar, una rubia que se contoneaba sin ningún atisbo de pudor, delante de un joven moreno, quien al arrullo del cuerpo de ella, también aportaba lo suyo, y mirando a este dúo, fuimos participes de una danza, en donde ella, invocando al dios Eros, y con suerte de una danzarina salida de ese harén, ponía todo de sí, para poder, con sus movimientos, atraer a su compañero, dando a entender a quien estaba delante de ella, que su cuerpo lanzaba el llamado natural del deseo.
Así, fuimos testigos silenciosos y deseosos de un espectáculo natural que únicamente se daba en tiempos en que el hombre, a fin de calmar el deseo incontenible de su interior, arrastraba a su compañera a la tienda, en donde el olor rancio de esta, inundaba y se confundía con el sudor de ambos. Sudor que fue invadiendo a cada uno y los hizo ser uno solo en un abrazo en donde únicamente se separarían con el látigo fuerte, producido por el encanto silencioso de un callado orgasmo, grito natural de lo mas profundo de su ser.
Vuelvo al pub, ella, al compás de la estridente música, poniendo su mejor lado hacia lo que de él se ofrecía, fue haciendo un meneo lento de arriba hacia abajo, como tratando de encontrar la mejor manera de llamar la atención de su compañero, quien, a la vez, meneando su cuerpo de adelante hacia atrás, encontraba el de ella y los dos saboreaban el momento en donde una catarata de gozo transformada en gemidos y arrullos, hacia que cada uno sienta al otro.
La música, fue haciéndose mas rápida, de tal manera que fue esta la que ha hecho que se hicieran, mas frenéticos los movimientos, movimientos que se fueron confundiendo en un solo abrazo entre los dos, y ella bajando despacio su cabellera hacia la entrepiernas de él, con delicado movimiento, fue hincando su rodilla en el piso sin dejar de mover su medio cuerpo, y su cabellera tapando su cara, metida entre las piernas de el, dejando a este mirando hacia el cielo como pidiendo algo de refugio a tan grato momento.
A poco mas de unos minutos, en los cuales, ambos habían saciado su presente gozo, esta aun contoneándote por los sonidos de la música y levantándose ella, arreglándose su cabello con una mano, y con la otra teniendo algo aun entre esta, haciendo un movimiento casi imperceptible de adelante hacia atrás, en donde se encontraba la lujuria de él, quien aun continuaba pidiendo algo al del mas allá.
Sus pechos blancos, en las manos de él, parecían dos palomas blancas que estaban a punto de volar, pues, con suaves movimientos sobre los pezones de estos, pasaba el índice haciendo un giro imperceptible, sintiendo como estos iban en un constante in crescendo.
Así fueron pasando los minutos, los que al compás de la música, habían quedado inconcluso, y tomando ella la iniciativa de dejar para otro momento este, y arreglando lo que aun le quedaba por arreglar, tomando el camino que conduce al lavabo, hacia allí se dirigió.
El, al verse solo, sin su inquieta y movediza amiga, no se dio cuenta que aun permanecía con todo su poder fuera de su vestimenta, y sin ningún motivo de vergüenza, se acomodo de tal manera que dejo entrever que esto era lo mas natural que se había realizado.
Sabiéndose mirado por mas de una, pues me consideraba hasta ese momento espectadora de lujo, pues, me llamo la atención ver un espectáculo de esta naturaleza en vivo, sin que ninguno de mis amigos acotara algo a lo visto, solamente el comentario de la noche lluviosa y húmeda que, ya para ese entonces, los truenos y relámpagos habían convertido a esta en una verdadera catarata.
Uno de mis amigos, al verme aun absorta por lo pasado, sacudió todo mi cuerpo al apoyar en mi hombro desnudo, un vaso frío de una bebida en la que se notaban varios cubitos de hielo, cubitos que, habiendo tomado uno de ellos, para pasarme por la frente y parte de mi cuello y nuca, ya que los calores del momento, no eran precisamente producto de la noche calurosa y húmeda, sino del momento vivido, y mas que nada, saber que he estado presenciando un acto de amor, sexo y si se quiere, barbarie, pues, solamente puedo comparar lo visto con lo que me había pasado el día anterior, al tomar un bus, en donde mis piernas, se negaban a dejar de moverse.

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